Viajar es una actividad necesaria para abrir la mente, para entender a las personas diferentes de nosotros, pero también puede ser simplemente mirarnos dentro y observar lo que vemos...
Felipe V
decidió en 1711 aceptar un plan para crear una Biblioteca Real no para su
exclusivo uso y disfrute, sino para todos. Padre Robinet, quien se lo propuso,
se había inspirado en la Bibliothéque du Roi de París. Y así comenzó la
historia de una biblioteca que nació rica. En la Plaza de Oriente se abrió por
primera vez a los estudiosos, dando importancia al hecho de que fuera pública.
En 1836 pasó a depender del Ministerio de la Gobernación, no siendo ya una
propiedad real. Empezó a llamarse entonces Biblioteca Nacional y con este nombre atravesó los siglos siguientes, sus guerras, invasiones,
cambios dinásticos y políticos, sus revoluciones, descubrimientos e inventos.
Pasó por distintas sedes hasta llegar al Paseo de Recoletos, donde está hoy, en
el Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales. En tres siglos de vida ha
abrazado siempre las nuevas tecnologías, consiguiendo estar al día con el paso
de los tiempos sin abandonar la tradición. Quien sabe si Felipe VI decidirá ir a visitarla.
Un día descubrió que no le bastaba leer. Necesitaba escribir. Para ello tuvo que hacer un largo viaje interior que duró años y que terminó con un viaje real a la tierra de la energía positiva, Egipto. Y así vió claro su camino.
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