google25bf64896cccb828.htlm Viajando al centro...de tu ser

31.10.08

Viaje a Egipto. Habibi II.

Jamás había volado por encima de las nubes como si fueran la espuma de un capuccino. Densas y mullidas al mismo tiempo. Desde Madrid pasamos por Cerdeña y Sicilia. Nos hundimos en el café para observar el paisaje que ofrecen los alrededores del humeante Etna: es magnífico. Mar, islas griegas, luego el cielo cambió y los algodones crearon graciosas sombras en la tierra color alabastro. La primera visión del Nilo no parece tal. Poco a poco uno se da cuenta de que finalmente, después de años y años de esperar este viaje, está sobrevolando el río más maravilloso del mundo, la cuna de una civilización única, el origen de tantas y tantas cosas... Esa serpiente negra que no quiso ahogar a Moisés, que da fertilidad al desierto desde hace miles de años, que aún hoy mantiene con vida millones y millones de familias que trabajan gracias a ella. Esa fuerza de la naturaleza que el hombre ha querido controlar perdiendo limo. Impone respeto.
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30.10.08

Los Madriles IX. Vista de la Gran Vía.








Se pusieron a jugar al escondite. El elfo vigilaba que todos cumplieran con las normas del juego. El ángel había terminado de contar y se movía buscando a los otros habitantes de la Gran Vía. El primero que vió fue el edificio España, que se había ido corriendo hasta el final de la calle e incluso se salió de ella. Se quedó donde le habían visto. Uno a uno el ángel individuó a cada uno de los participantes menos al edificio rojo, que, despacito despacito se había colocado entre dos edificios blancos más altos que él y se había retirado lo suficiente como para que el ángel no pudiera alcanzarlo con la vista. El elfo había notado su estrategia y cuando el ángel declaró haber visto al rojo, supo inmediatamente que estaba mintiendo y paralizó el juego y a sus componentes. En ese preciso momento vinieron a buscarle. La hora de los elfos había llegado (v. “El señor de los anillos” de Tolkien) y el mundo de ahora en adelante sería regido por los hombres. Fueron ellos los que erigieron una estatua en el lugar donde el elfo había vigilado para que el juego fuese limpio.
Si vais a la Gran Vía, a la parada de autobus que hay enfrente de la tienda de muñecas más admirada de Madrid y mirais hacia la izquierda, aún podeís ver los jugadores del escondite en el mismo exacto lugar en que quedaron al irse el elfo.

Muchos madrileños han paseado de pequeños por la Gran Vía de la mano de sus abuelos cuando la calle estaba llena de cines, no estaba tan frecuentada como ahora y el olor de las castañas inundaba las esquinas. Esta u otras historias habrán recreado esas entrañables tardes de domingo por el centro de Madrid.


Para saber algo más serio acerca de la construcción de la Gran Vía
en el Madrid de los siglos XIX y XX, consultad los trabajos de los alumnos de Historia de Madrid en la edad contemporánea 1998/1999 de la Facultad de Historia y Geografía de la Complutense madrileña bajo la dirección del profesor titular de Historia Contemporánea Luis Enrique Otero Carvajal.




Fotos: Oli

29.10.08

Viaje a Egipto. Habibi I.

El primer impacto: contrastes. En todo. Desde la serpenteante línea oscura del Nilo y la zona fértil que genera en medio del más absoluto desierto visto desde el avión, hasta los llamados autobuses que en realidad son viejísimas furgonetas con gente literalmente colgando y ventilación incorporada permanente que del aeropuerto llevan hasta las naves de cinco estrellas que surcarán el río en un inolvidable crucero desde Luxor. Chicos jóvenes en mulo transportando hierbas con mugrientas chilabas y niños en uniforme perfectamente equipados. Unas mujeres sentadas en las puertas de sus modestísimas casas mientas pelan algúna hortaliza y otras elegantemente vestidas paseando por la ciudad con bolso y zapatos de piel a juego.
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17.10.08

Viaje a Egipto

Mundo, os dejo. Hasta el 29 de octubre no sabreís nada de mí, a menos que no encuentre en medio del desierto un portador de turbante con un portátil dotado de red en las alforjas del camello y entonces os pueda enviar otro ejercicio de escritura creativa en italiano que ya tengo preparado: “Scena. Marta scende dal treno”. Sino, tendreís que esperar mi vuelta de Egipto. Mientras tanto os aconsejo un paseo por Los Madriles admirando las fotos de Oli, especialmente las de la catedral y también leer las novedades que en Navalahija descubrieron este verano (en español lo teneís en forma de relato en “Deshacer la bolsa de los zapatos” y enriquecido con imágenes en “Fotos Navalahija, restos arqueológicos hispano-visigodos, en italiano tipo documental en ”Navalahija, portati alla luce resti di un insediamento visigoto”. A quien le gusten las reflexiones, puede buscar “Emigrantes”. En el archivo teneís todos los títulos de los posts realizados divididos por meses y debajo, la lista de las etiquetas en orden alfabético indican los temas tratados.

Prometo a la vuelta un artículo llenito de fotos de la Gran Via madrileña y poco a poco, con calma, todo el viaje en Egipto. Un sueño. Estoy a punto de realizar uno de los sueños de mi vida. Programado hace diecisiete años, retrasado una y otra vez por causas terriblemente importantes y finalmente, ahora, posible. Deseadme suerte.

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16.10.08

El Museo Picasso en Buitrago de Lozoya, Madrid

Ultimas noticias de la revista La Muralla, de Buitrago de Lozoya. Las puertas del museo Picasso abrirán de nuevo en noviembre. Una vez rehabilitado su interior, los cuadros y piezas que el genial artista regalara a Eugenio Arias en los ventiseis años que duró su amistad, volverán a adornar paredes y expositores y a sorprender a los visitantes de este delicioso enclave de la sierra madrileña.

Sería fantástico que quien anda por aquéllos lares nos contara entonces a través de los comentarios del blog cómo han dejado el museo.

Hasta entonces podeís observar
la colección en el sitio web, que no ha cerrado nunca sus puertas.
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13.10.08

Marta scende dal treno

Marta scende dal treno trascinando con fatica la valigia fino a terra. Si guarda intorno, ma non vede nessuna indicazione. Sente il pavimento caldo attraverso le suole sottili. Prende il manico della valigia e comincia a camminare. Si ode soltanto il rumore delle rotelle contro le lastre bollenti. Vede il capostazione seduto su una panchina accanto alla biglietteria e si avvicina.


- Senta, scusi, può dirmi dove posso comprare una bottiglia d’acqua, per favore?


L’uomo si alza e risponde allegro “Ah, signorì, a quest’ora è tutto chiuso. Le conviene aspettare qui all’ombra. Fa caldo, eh?” Lei da un passo indietro e delusa, risponde “Sì, fa piuttosto caldo. Ascolti, non vorrei rimanere qui, preferirei andare a mangiare qualcosa. Può indicarmi qualche ristorante pulito ed economico, per favore? Lui, pensieroso, si tira all’indietro i capelli grigiastri “Mica è facile, sa. Il buco più vicino è Manu, ma ha solo due tavoli e di solito sono occupati dai pensionati del paese.” Guarda incuriosito ma con rispetto la gonna a tubo ocra appena sopra il ginocchio e la camicia corta, rigata ocra e verde, asimmetrica, con il collo alzato e continua “Non le conviene signorì, la guardarebbero tutti strano, sa, lei è vestita diversa dalle nostre mogli. Se vuole vado io a prenderle un panino e se lo mangia tranquilla tranquilla qui sulla panchina. Che ne dice?” Lei, seria, con gli occhi fissi sul pavimento “No, grazie. Non ci sono altri posti anche se meno vicini?” Lui appoggia la mano sul mento e risponde “Beh, sì. C’è “Rosetta”. Sarà a circa un km, ma quella valigia deve essere pesante. Posso tentare di trovare qualcuno che l’accompagni, se vuole.” Lei scuote la testa “No, grazie. Com’è questo locale?” La voce di Marta comincia a incresparsi, la fame e la stanchezza del viaggio cominciano a pesare. Il capostazione risponde, sempre calmo, trascinando le parole “Uh, Rosetta cucina bene assai” avvicina tre dita alla bocca e li bacia, facendo un gran rumore “ci sono quattro piatti fissi a scelta, cinque tavoli e gli operai del lattificio. Mi sa che se la magnerebbero con gli occhi, scusi la sincerità, ma di belle donne da queste parti se ne vedono poche, sa. Da dove viene?” Jessica riesce a mala pena a trattenere una smorfia di fastidio e soddisfa la curiosità dell’uomo in divisa dicendo il minimo indispensabile “Da Roma. Esiste un posto dove secondo lei potrei sedermi in santa pace?” Lui non può evitare una risata e sedendoci di nuovo risponde divertito “Si, la panchina” Jessica sospira “Volevo dire dove poter riposarmi davanti a un piatto caldo e leggere il mio libro tranquilla con un caffè in mano.” Il paesano diventa serio “Mmm, mi faccia pensare… Forse sì, ma non ci sono mai andato. Più in là di “Rosetta” c’è “Il Ristorante”. Lì vanno gli ispettori quando vengono a visitare le fabbriche. Mi sa però che si fa pagà, non so le conviene.” Lei controbatte veloce “Non si preoccupi. Come posso arrivare?” “Segua questa stradina fino alla seconda curva. Al bivio, giri a sinistra e lo trova subito. Sarà un chilometro e mezzo, è sicura di farcela con la valigia? Lei è molto magra, vuole lasciarmela qui?” Jessica ci pensa un attimo e risponde “La ringrazio molto, ma preferisco portarmela dietro, forse più tardi vengono a prendermi in macchina” Lui è sorpreso “Ah, non è da sola…” Lei cerca di essere amabile “Non del tutto. Grazie dell’informazione. Arrivederci” “Di niente, signorì, “ dice l’uomo quasi con pena e aggiunge “è stato un piacere”.



N.A.: vietata la riproduzione senza previo permesso

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Affacciamoci ad una finestra e selezioniamo una scena

Il ciliegio è in fiore, in quel momento splendido in cui tutti i piccoli bouquet bianco intenso sono sbocciati e contrastano con il verde scuro del pino che gli sta dietro. A sinistra sorprende la sagoma capricciosa del salice piangente sbilanciato a destra, quasi volesse tuffarsi nella piscina, in confronto con quelli di forma più classica sparsi nel parco di fronte. In lontananza, risalta la torre degli Orsini al di sopra della sezione triangolare di paese che si intravede fra le due vecchie colline.