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1.12.08

Viaje a Egipto. Habibi VI.

Cuando puse el pie en el valle que aloja el Deir el-Bahari, llevaba puesta dos camisetas de algodón. Una corta adherente de cuello de caja y encima otra muy ancha con grande escote y múltiples amplios pliegues en las zonas más blandas que la hacían práctica y cómoda. Era muy temprano, alrededor de las ocho de la mañana y a pesar de ello el sol se hacía ya notar. De pie, en círculo, escuchando la explicación que nos daba el guía, empecé a darme cuenta porqué los bereberes van tan cubiertos. Los brazos, desnudos, sentían el sol fuerte, como si pesara. Las piernas, cubiertas con pantalones negros, se veían acariciadas por el calor que poco a poco los rayos desprendían. El resto del cuerpo se recreaba a la sombra de la tela clara permitiendo a los sentidos de oir con nitidez, admirar el templo incrustado en la montaña, oler y casi gustar la arena omnipresente. El desierto entró en mí y casi por instinto, sin pensarlo, desdoblé el foulard blanco que llevaba atado al bolso y me cubrí la cabeza. El frescor que este gesto proporcionó a continuación dejó que mi cerebro siguiera el discurso sin cansarse, con atención hasta el final. Nos dispusimos a subir uno a uno los peldaños de la majestuosa escalinata que acercaba a los egipcios a las entrañas de la roca y al cielo.
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16.11.08

Viaje a Egipto. Templo de Luxor.

Tebas. Capital del Imperio Nuevo. Luxor, el templo dedicado a la tríada tebana: Amón-Ra, Mut y su hijo Jonsu, el dios lunar. Perdido en el tiempo y bajo la arena hasta que se descubrió su existencia en el 1881 gracias al arqueólogo Gaston Maspero. Un santuario erigido por Hatshepsut y Tutmosis III había servido de base para su construcción a Amenofis III cien años después de la muerte de los primeros. Había sido acabado durante la XVIII dinastía, pero sucesivamente Ramsés II, Tutankhamon, Alejandro Magno y varios emperadores romanos añadieron “detalles” más o menos importantes.

El templo impone al primer impacto. El primer pilón y las estatuas sedentes de Ramsés II te inducen a pararte, casi a no atreverte a entrar. Catorce metros de altura que parecen muchos más. Incluso los dos que están rotos, por el suelo, delante del templo, te sobrecogen. Se han usado tipos de piedra diversas, lo que les quita monotonía, a pesar de ser todas iguales. De los dos obeliscos (pequeños “detalles”) que originalmente saludaban al visitante queda sólo uno, que se mantiene en pie a pesar de la enorme grieta que atraviesa su base. Esa fue la razón para que se eligiera el otro, en mejores condiciones, para comenzar el éxodo hacia Francia, que los recibió como regalo en el 1836. Hoy se puede admirar en la plaza de la Concordia de París. El derecho sobre el obelisco que aún está en Luxor fue cedido en el 1980.
Uno oye hablar de Ramsés II tanto antes de llegar a Egipto, de sus 66 años de reinado, que piensa que cuando verá sus obras le desilusionarán. Bien, no es así. Es siempre impresionante. Supongo que era esa su intención cuando las hacía construir.
La batalla de Qadesh, la primera batalla documentada de la historia, se combatió a orillas del río siriano Orontes en el quinto año de reinado de Ramsés II (tercer faraón de la XIX dinastía) entre los hititas y el faraón al frente de cuatro divisiones cuyos nombres reflejaban la protección que los dioses más importantes de Egipto habrían de darles: Amón, Ra, Ptah y Seth. La escena representada en este pilón habla de los dos militares hititas que fueron capturados para conseguir información y del hecho que los hititas se habían dejado coger aposta con la intención de tender una trampa a los egipcios. Ramsés, convencido de la lejanía de la posición de los hititas, continuó a avanzar sin esperar a su ejército. Una vez entendida la emboscada, según dicen algunas fuentes, envió a llamar a las otras divisiones mientras se enfrentaba con astucia y gran coraje a 2.500 carros de combate, hasta que recibió la ayuda de los “nearin”. Ramsés creyó que había sido el dios Amón a enviárselos. Después de una terrible batalla, el enemigo se vió obligado a retroceder. El rey Mutawattali no ordenó la intervención de la infantería y ofreció la paz al faraón, que la aceptó. Ambos comandantes se dieron por victoriosos. Ramsés representó la batalla distinguiendo claramente vencedor y vencido en el tamaño de cada uno: Ramsés es enorme, los hititas chiquititos.

Surcando el umbral del pilón, se llega al Patio de Ramsés II. Lo primero que sorprende es ver una mezquita en lo alto, a la izquierda: la Mezquita de Abu el-Haggag. Sólo cuando te alejas de ella para verla mejor te das cuenta que enfrente, al otro lado del patio, se encuentra un santuario compuesto por tres capillas que estuvieron dedicadas a la tríada tebana. Cierra el patio la presencia de dos estatuas de Ramsés II sentado con las manos en las rodillas. Es muy joven. Lleva la doble corona de Egipto y la barba de ceremonia. Nefertari, su bellísima mujer representada en pequeño, aparece al lado de su pierna, como si lo acariciara. Dejando atrás estas modificaciones aportadas por Ramsés II se llega a la columnata de Amenofis III. Sus muros nos hablan de la fiesta de Opet, en las que las estatuas de Amón, Mut y Jonsu tenían un papel protagonista y se puede ver también a Tutankhamon presentando ofrendas.
El patio de Amenofis III posee setenta y cuatro columnas, estatuas del faraón y pequeñas efigies esculpidas durante el reinado de Ramsés II. Amenofis III viene representado después de haber finalizado los ritos de deificación. Para llegar al santuario de la barca sagrada reconstruido por Alejandro Magno y que lo muestran llevando ofrendas para ser reconocido soberano de Egipto, hay que atravesar la sala hipóstila. Junto al santuario, Amenofis III quiso representar su descendencia directa de Amón.

Volver a recorrer el edificio hacia atrás cuando empieza a caer el sol es una experiencia particularmente agradable. Pararse en el sugestivo santuario de la barca sagrada a observar con detenimiento a Alejandro Magno y el techo aún decorado con los colores originales, también.

Una última mirada antes de irnos. Está atardeciendo. Entre un cuerpo de león y otro el viajero observa el enorme círculo naranja jugar al escondite con las palmeras de la ribera derecha, mientras el templo cambia de color, iluminado con fuerza desde el fondo y a través de su espina dorsal por la luz tenue que sólo acaricia el primer pilón.

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8.11.08

Viaje a Egipto. Habibi V.

Salimos de Karnak y nos dirigimos en línea recta hacia el Nilo. Sentí una energía buena, que se perdía según nos fuimos desplazando a la derecha para ir donde habían atracado las falucas. Allí observamos como un hombre del lugar, agachado en una roca, lavaba con cariño su caballo. Se veía claramente que el animal estaba feliz. Relinchaba y relinchaba moviéndo la cabeza, como dando las gracias. Más que un baño parecía un largo ritual.Navegar por el río, por este río, casi a nivel del agua es una experiencia extraordinaria. Te hace sentirte parte integrante del conjunto que forman viento, hierbas, ibis y demás especies que te pasan al lado, líquido creador de vida. El desierto parece una realidad lejana, aunque está ahí, de vez en cuando ves el color alabastro para recordarte su fuerza, su inmediatez. Dos titanes en continua lucha que determinan la Naturaleza de esta tierra. El aire que te da en la cara, impregnado de este díficil equilibrio, te habla de miles de vidas que se han sucedido gracias a estas aguas. El ibis, trozo de jeroglífico en carne y hueso, confirma la historia volando bajo pero seguro.

Llegamos a la nave crucero con el alma ocupada. Agradecimos la tisana que extrañamente y a pesar del calor nos refrescó y después de una ducha rápida nos fuimos a comer.
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6.11.08

Viaje a Egipto. El templo de Karnak.

El paseo de las esfinges te recibe y te saluda cuando te vas. Intentas imaginárte las cabezas de carnero con cuerpo de león en honor del dios Amón una detrás de otra durante 3 kilómetros, cuando la antiguaTebas (Luxor) estaba en su esplendor, poniendo en comunicación una vez al año dos mundos que funcionaban de forma independiente. La diosa madre Mut, salía desde el templo de Luxor hasta Karnak para visitar a su esposo Amón (helenización del nombre egipcio Amen). Era éste el momento en que el pueblo podía ver las estatuas de los dioses que adoraban. A continuación Mut y Amón, juntos, se encaminaban hacia el Nilo y navegando sobre sus aguas transcurrían una semana. La promesa de fertilidad que el río portaba en su seno se cumplía y la pareja volvía a Karnak. Llamarían a su hijo Jonsu y así se completaría la tríada tebana. Y con ella la esperanza de prosperidad para el resto del año traducido en la inundación de las orillas del Nilo dejando el precioso limo, que convertiría la tierra asolada en útero donde podrían crecer las semillas que quitarían el hambre a la población.

Karnak posee santuarios dedicados a cada uno de los miembros de la tríada y es el conjunto de culto religioso hoy conservado más antiguo del mundo. Se inició desde el centro y contribuyeron a él faraones desde la XI dinastía hasta la XIX.

El templo más grande de Egipto, más de cien hectáreas.

La arena conservó sus jeroglíficos, relieves, historias de batallas y dioses durante más de 1.000 años y esto hizo posible que hoy podamos contemplar esta maravilla del mundo antiguo, quizá precisamente porque no fue considerada tal. Hasta el siglo XIX no se supo lo que allí había y aún hoy se sigue excavando, lo que da una idea de su magnitud.

El primer pilón ya impresiona por su grandeza. El gran patio deja a ambos lados el templo de Seti II y el de Ramsés III, donde se guardaban las barcas sagradas que utilizaba la familia de dioses en sus viajes. El primero, a la izquierda, estaba formado por tres capillas dedicadas a Amón, Mut y Jonsu (centro, izquierda y derecha). El segundo sorprende por el pilón con dos colosos del faraón.

Se atravesa el segundo pilón con la cara ya desencajada de admiración, mirando costantemente hacia arriba, observando el coloso con la doble corona de Egipto que podría representar Pinodjem I y uno se encuentra en una sala hipóstila de ciento trenta y cuatro columnas con capiteles de 3,50 metros de diámetro, la mayor parte de estilo papiriforme cerrado. Por increíble que pueda parecer aún se ven restos del colorido utilizado para decorarlas, a pesar de estar a la intemperie. Se desata dentro del pequeñisimo ser humano que observa la grandiosidad de las columnas, una desenfrenada necesidad de hacer fotografías con la esperanza de no olvidar jamás lo que siente en esos momentos. Mientras tanto los relieves cuentan como el faraón hacía ofrendas al dios Amón y los muros exteriores como Seti I y Ramsés II lucharon en Palestina y Siria y se aprende como se desarrolló, según la versión ramésida, la batalla de Qadesh.
Esta batalla se verá representada diversas veces en la historia egipcia y como ocurre a menudo en estos casos, las versiones de las dos partes son diversas, aunque éstas son demasiado diversas. Ambas aseguran haber ganado la batalla. La única realidad demostrable con documentación escrita es que se firmó un tratado de paz, por lo que de alguna forma tienen razón las dos vertientes. Christian Jacq , egiptólogo y escritor de fama mundial, da su versión novelada y seguramente apasionante en “Ramses. Parte III. La Batalla de Qadesh”.

Antes de llegar al santuario se atravesan pilones, obeliscos dedicados a Tutmosis II y a la valiente y odiada reina Hatshepsut, que fue faraón sin ser hombre, el muro de los registros de Tutmosis III...allá donde se gire la cabeza se descubre una nueva preciosidad.
En el sanctasanctórum el faraón se encontraba con el dios Amón-Ra. Las columnas presentan una curiosa peculiaridad: la base es más estrecha del resto. Al tiempo de Tutmosis III se llamaba la sala de las fiestas, entendidas como los rituales de regeneración del faraón. Quedan trozos de pinturas de santos dibujados durante el periodo en que fue utilizada como iglesia cristiana.
Saliendo de una de las múltiples salas del templo uno se encuentra en un pequeño pasillo de piedra a la intemperie que conduce al lago sagrado. E intenta imaginarse a los sacerdotes que acudían a purificarse antes de dar comienzo a los ritos del templo y sobre todo al mismo faraón, solo, acercándose al líquido sagrado. Impone.


Para dulcificar la sensación de misterio, el viajero se encuentra con un escarabajo gigante que trae buena suerte si viene circundado tres veces en sentido contrario a las agujas del reloj.
De la misma forma que el escarabajo pelotero enmaraña su bola y la hace girar, el escarabajo representado en los jeroglíficos ayuda el sol a realizar su viaje diario.

“El más perfecto de los lugares”, Ipet-Sut, es mucho más de lo que aquí se ha contado y vale la pena descubrirlo.

www.phistoria.net/fotos-de-historia/Egipto/Templo-de-Karnak.html
es.wikipedia.org/wiki/Karnak
http://www.anticoegitto.net/
vistasatelite.blogspot.com/2008/06/templo-karnak.html
www.egiptologia.com/content/view/55/33/
http://www.aol.it/news/story/Hallan-la-presa-más-antigua-de-Egipto-junto-al-templo-de-Karnak-en-Luxor/2979424/index.html
es.geocities.com/sabela25/templo_karnak.htm
www.egiptologia.org/arte/templos/karnak_amon/

www.excavacionegipto.com/contexto_geografico/karnak.jsp.htm
actualidad.terra.es/ciencia/articulo/descubierto_karnak_enorme_muro_protegia_1529004.htm

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3.11.08

Viaje a Egipto. Habibi IV.

Llegamos en autobus a la nave crucero. Estaba atracada en primera fila. Digo esto porque es bastante normal que el mismo atraque sea aprovechado por cuatro y cinco naves. Tienen todas más o menos las mismas dimensiones y están diseñadas de forma muy parecida, con lo cual, puestas en paralelo, con la única separación de un neumático de coche que impide que se choquen, es posible pasar de una recepción a otra a través de una pequeña pasarela. También el último piso está a la misma altura, de modo que da la impresión de estar en una gran piscina, con muchísimas tumbonas y gente en bañador, cuando en realidad cada barco tiene una piscina pequeña y pocas personas que la aprovechan. La mayor parte está vestida a la sombra, sentada en la terraza disfrutando de la vista del Nilo. ¿Cómo es? En Luxor el agua, a pesar de ser calma, da la idea de tener una inmensa fuerza y al fondo se vislumbra una linea ligera pero preciosa de vegetación. Las palmeras dan el toque de exotismo a quien no está acostumbrado a verlas. Así de simple, pero absolutamente magnético.
Pasamos la tarde descansando bajo el toldo y de vez en cuando empapándonos de sol, recreándonos los ojos con la vista del agua y de la tierra fértil.

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1.11.08

Viaje a Egipto. Habibi III.

Llegamos al aeropuerto cansadas de tantas horas de vuelo, a pesar de los paisajes maravillosos que la ventanilla del avión nos había procurado, pero enseguida nos hicieron ponernos de buen humor. Allí nos recibieron con el cartel de la agencia y llamando nuestra atención con un simpático apelativo: Royalitos, royalitos!. Dicho con ese gracejo típico de los egipcios y con todos los dientes relucientes en una increíble sonrisa, es imposible no sonreir a su vez. He leído de gente que se ha sentido menospreciada por este modo de sentirse llamados, pero de verdad que no hay absolutamente nada de ofensivo. Llevo muchísimos años casada con un mochilero y sé perfectamente que existe un modo más libre de viajar y que quien está acostumbrado a ir así fatiga a seguir un grupo. Les gusta elegir en cada momento su destino y cambiar de idea cuando quieren. Pero os aseguro que ha sido una gozada, realmente una gozada, por una vez, no tener que sacarte las castañas del fuego al primer imprevisto, no pensar a nada más que a las cosas maravillosas que tienes que ver y aprovechar cada minuto de espera en leer lo que querías aprender. Y entonces vivan los royalitos. Especialmente para las personas a las que el cuerpo ya no les permite ir por libre o que simplemente no tienen ganas de estar resolviendo problemas también en vacaciones. Además tengo que decir que Royal Vacaciones pone una atención especial en conseguir que cada uno de sus viajeros se encuentre agusto y obtenga de la semana que tiene a disposición las expectavivas deseadas. Funciona.

Nos pidieron el pasaporte (con validez al menos de seis meses más desde el inicio del viaje) y con él sacaron todos los visados juntos (ya incluidos en el precio del viaje) y nos dirigieron hacia la aduana entregando el documento abierto en la página donde habían puesto el sello y una cartulina que habíamos rellenado con nuestros datos mientras el señor de la agencia gestionaba los visados y asignaba un guía a cada pasajero escribiendo su nombre en la tarjeta de embarque a la nave crucero que nos dió a continuación. Nuestra nave era la Crown II y nuestro guía Aladino. Aún no sabíamos que estos dos nombres eran una grandísima fortuna.
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31.10.08

Viaje a Egipto. Habibi II.

Jamás había volado por encima de las nubes como si fueran la espuma de un capuccino. Densas y mullidas al mismo tiempo. Desde Madrid pasamos por Cerdeña y Sicilia. Nos hundimos en el café para observar el paisaje que ofrecen los alrededores del humeante Etna: es magnífico. Mar, islas griegas, luego el cielo cambió y los algodones crearon graciosas sombras en la tierra color alabastro. La primera visión del Nilo no parece tal. Poco a poco uno se da cuenta de que finalmente, después de años y años de esperar este viaje, está sobrevolando el río más maravilloso del mundo, la cuna de una civilización única, el origen de tantas y tantas cosas... Esa serpiente negra que no quiso ahogar a Moisés, que da fertilidad al desierto desde hace miles de años, que aún hoy mantiene con vida millones y millones de familias que trabajan gracias a ella. Esa fuerza de la naturaleza que el hombre ha querido controlar perdiendo limo. Impone respeto.
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29.10.08

Viaje a Egipto. Habibi I.

El primer impacto: contrastes. En todo. Desde la serpenteante línea oscura del Nilo y la zona fértil que genera en medio del más absoluto desierto visto desde el avión, hasta los llamados autobuses que en realidad son viejísimas furgonetas con gente literalmente colgando y ventilación incorporada permanente que del aeropuerto llevan hasta las naves de cinco estrellas que surcarán el río en un inolvidable crucero desde Luxor. Chicos jóvenes en mulo transportando hierbas con mugrientas chilabas y niños en uniforme perfectamente equipados. Unas mujeres sentadas en las puertas de sus modestísimas casas mientas pelan algúna hortaliza y otras elegantemente vestidas paseando por la ciudad con bolso y zapatos de piel a juego.
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17.10.08

Viaje a Egipto

Mundo, os dejo. Hasta el 29 de octubre no sabreís nada de mí, a menos que no encuentre en medio del desierto un portador de turbante con un portátil dotado de red en las alforjas del camello y entonces os pueda enviar otro ejercicio de escritura creativa en italiano que ya tengo preparado: “Scena. Marta scende dal treno”. Sino, tendreís que esperar mi vuelta de Egipto. Mientras tanto os aconsejo un paseo por Los Madriles admirando las fotos de Oli, especialmente las de la catedral y también leer las novedades que en Navalahija descubrieron este verano (en español lo teneís en forma de relato en “Deshacer la bolsa de los zapatos” y enriquecido con imágenes en “Fotos Navalahija, restos arqueológicos hispano-visigodos, en italiano tipo documental en ”Navalahija, portati alla luce resti di un insediamento visigoto”. A quien le gusten las reflexiones, puede buscar “Emigrantes”. En el archivo teneís todos los títulos de los posts realizados divididos por meses y debajo, la lista de las etiquetas en orden alfabético indican los temas tratados.

Prometo a la vuelta un artículo llenito de fotos de la Gran Via madrileña y poco a poco, con calma, todo el viaje en Egipto. Un sueño. Estoy a punto de realizar uno de los sueños de mi vida. Programado hace diecisiete años, retrasado una y otra vez por causas terriblemente importantes y finalmente, ahora, posible. Deseadme suerte.

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