Lo importante es que entre lo que nos hemos traído hay también experiencias maravillosas, cariño, músicas nuevas y viejas mezcladas en los oídos, espuma, aire libre y sol asimilados por la piel. Somos un poco más salvajes que cuando nos hemos ido, por eso también ahora la casa parece más pequeña.
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7.9.09
Lo importante
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María Clara Fuerte
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3.9.09
Las maletas viajan
Este año las maletas eran gigantes, enormes, desproporcionadamente pesadas para una espalda como la mía. Y después del esfuerzo de llevarlas hasta el autobus, después al metro con sus escaleritas, pasearlas por el aeropuerto hasta que hemos conseguido facturar, recogerlas de la banda móvil en el aeropuerto de Fiumicino, subirlas a los dos carros (2 euros) que nos han ayudado a llegar a la estación del tren, alzarlas para convencerlas de entrar dentro del primer tren que conseguía llegar al aeropuerto después de numerosas cancelaciones y naturalmente atestado de gente, buscarles un sitio en la estantería dedicada al equipaje, estar atentos durante todo el viaje a que siguieran allí al final del trayecto, bajarlas en la estación más cerca de casa, arrastrarlas ya agotados hasta el primer trozo de carretera disponible, esperar sentados a que uno de nosotros vaya a casa andando, coja el coche y vuelva para cargar las maletas. Subirlas al dulce hogar (en ascensor, gracias a Dios) y... descubrir que la casa está llena y que no tienes la menor idea de donde meterás todo lo que los cuatro nos hemos traído.
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María Clara Fuerte
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1.9.08
Deshacer la bolsa de los zapatos
Zapatillas de deporte para todos, el día de la excursión a la Dehesa de Navalvillar. En el norte de la comarca de Colmenar Viejo (Madrid), donde veraneamos, se habían ya descubierto hace años restos de tumbas de época hispano-visigoda, pero era la primera vez que una excavación arqueológica llevaba a la luz restos de una población del mismo periodo. Llegamos a Navalahija, así se llamaba el asentamiento hispano-visigodo del siglo VII d.de C. que acababan de descubrir, después de recorrer la Dehesa en un pequeño autocar viendo vacas castañas y grises alactando todavía a sus ternerillos ya creciditos. El arqueólogo Fernando Colmenarejo nos acompañó a través de la excavación donde aún trabajaban parte de las treinta personas que habían colaborado en ella dándole a la brocha para liberar la piedra de la tierra que la había cubierto desde tiempo inmemorial. Hizo acomodar colmenareños y veraneantes en una grandísima tienda de campaña y allí, a la sombra, explicó con sencillez y profesionalidad porqué habían elegido ese lugar y no otro, porqué limpiaban sólo el interior de la casa y no el exterior y porqué pensaban que una parte de la construcción era cocina y habitación y la otra era un lugar de trabajo. Sólo cuando hubieran excavado también alrededor de la casa podrían saber como estaba configurado el edificio, aunque su opinión se orientaba hacia la idea de que tenía un tejado a un agua sóla. El guía nos había contado que la finalidad de las excavaciones en un principio había sido establecer si era o no un asentamiento rural de la época hispano-visigoda y también si existía alguna relación con el complejo minero situado cerca de allí. La zona de trabajo estaba dividida en dos compartimentos, uno cubierto donde se había encontrado una gran piedra circular y el otro al aire libre donde estaban depositadas enormes cantidades de escoria. Todo esto hacía pensar a la existencia de una fragua.
El material encontrado, cerámica, tejas, escoria, había sido cuidadosamente catalogato y dividido por grupos.
La escoria será analizada por la Universidad de Minas de Madrid. La cerámica había sido observada por un ceramista de la zona y su opinión es que la composición de la misma es igual a la del suelo, por lo que se cree que los mismos habitantes creaban sus artilugios de cocina. Será estudiada también en otras sedes.
Una vez acabada la interesante conferencia, salimos de la tienda para observar de nuevo la casa objeto de la excavación. En la segunda mirada el ojo se centra en cosas nuevas siempre y si encima te pones a hacer fotos, más todavía. La construcción contaba con dos entradas, una a la primera de las dos habitaciones donde se vivía, la otra a la zona cubierta de trabajo. En total se dividía en cuatro zonas separadas por muros de piedra. Alrededor pero no demasiado cerca, nos había explicado el guía, existían grupos de habitaciones como ésta, probablemente cada una perteneciente a una familia. Aún no había el concepto de pueblo alrededor de la iglesia como lo conocemos hoy. Esa era una zona rural. Colmenar no existía. Los grandes centros urbanos eran Alcalá de Henares y Toledo. Este era un sitio de paso entre Alcalá y la lejana Segovia.
No se han encontrado cementerios en las cercanías, lo que hace pensar en la posibilidad de que esta gente fuese a enterrar a sus muertos en la necrópolis de origen visigodo ubicada en el interior del recinto de la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios.
Nos subimos de nuevo al autocar para dirigirnos a la Ermita, pero eso lo contaremos otro día.
Sandalias cómodas usadas en uno de nuestros paseos por Colmenar Viejo, donde descubrimos, gracias a un amabilísimo señor del ayuntamiento, un montón de curiosidades históricas que nos llenaron de orgullo como veraneantes veteranos y que contaremos poco a poco.
Blancas sandalias estilizadas para una de las ocasiones en que fuimos de terracitas a picotear con unos amigos y hablamos, no ya de como habíamos pasado el invierno, pues hoy por hoy con intertet se sabe todo enseguida, sino de proyectos. Soñamos juntos. Es bonito tener personas con las que todavía puedes soñar.
Lentejuelas pardas y violetas cosidas en un triángulo de suave cuero para presumir de falda larga medio india medio hippy con las que se andaba fatal. Al final quedaron reducidas a distancias cortas, poco adaptas a su atractiva y original naturaleza.
Lo mejor, las chanclas de piscina. Todoterreno, indispensables, esenciales. Tres adjetivos que me gustaría poder atribuirme.
Y tu maleta, ¿cómo es?
Para más información acerca de posibles futuras excursiones gratuitas a la zona de la Dehesa o para proponerse como voluntario para las futuras excavaciones en otros grupos de viviendas hispano-visigodas en Navalahija (el Ayuntamiento de Colmenar Viejo tendría que aprobar primero la propuesta lanzada por los arqueólogos), contactad el Centro Cultural Pablo Neruda (C/ Huerta del Convento, 1), 91 845 77 26, en horario de 10:00 h a 13:00 horas
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El material encontrado, cerámica, tejas, escoria, había sido cuidadosamente catalogato y dividido por grupos.
La escoria será analizada por la Universidad de Minas de Madrid. La cerámica había sido observada por un ceramista de la zona y su opinión es que la composición de la misma es igual a la del suelo, por lo que se cree que los mismos habitantes creaban sus artilugios de cocina. Será estudiada también en otras sedes.
Una vez acabada la interesante conferencia, salimos de la tienda para observar de nuevo la casa objeto de la excavación. En la segunda mirada el ojo se centra en cosas nuevas siempre y si encima te pones a hacer fotos, más todavía. La construcción contaba con dos entradas, una a la primera de las dos habitaciones donde se vivía, la otra a la zona cubierta de trabajo. En total se dividía en cuatro zonas separadas por muros de piedra. Alrededor pero no demasiado cerca, nos había explicado el guía, existían grupos de habitaciones como ésta, probablemente cada una perteneciente a una familia. Aún no había el concepto de pueblo alrededor de la iglesia como lo conocemos hoy. Esa era una zona rural. Colmenar no existía. Los grandes centros urbanos eran Alcalá de Henares y Toledo. Este era un sitio de paso entre Alcalá y la lejana Segovia.
No se han encontrado cementerios en las cercanías, lo que hace pensar en la posibilidad de que esta gente fuese a enterrar a sus muertos en la necrópolis de origen visigodo ubicada en el interior del recinto de la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios.
Nos subimos de nuevo al autocar para dirigirnos a la Ermita, pero eso lo contaremos otro día.
Sandalias cómodas usadas en uno de nuestros paseos por Colmenar Viejo, donde descubrimos, gracias a un amabilísimo señor del ayuntamiento, un montón de curiosidades históricas que nos llenaron de orgullo como veraneantes veteranos y que contaremos poco a poco.
Blancas sandalias estilizadas para una de las ocasiones en que fuimos de terracitas a picotear con unos amigos y hablamos, no ya de como habíamos pasado el invierno, pues hoy por hoy con intertet se sabe todo enseguida, sino de proyectos. Soñamos juntos. Es bonito tener personas con las que todavía puedes soñar.
Lentejuelas pardas y violetas cosidas en un triángulo de suave cuero para presumir de falda larga medio india medio hippy con las que se andaba fatal. Al final quedaron reducidas a distancias cortas, poco adaptas a su atractiva y original naturaleza.
Lo mejor, las chanclas de piscina. Todoterreno, indispensables, esenciales. Tres adjetivos que me gustaría poder atribuirme.
Y tu maleta, ¿cómo es?
Para más información acerca de posibles futuras excursiones gratuitas a la zona de la Dehesa o para proponerse como voluntario para las futuras excavaciones en otros grupos de viviendas hispano-visigodas en Navalahija (el Ayuntamiento de Colmenar Viejo tendría que aprobar primero la propuesta lanzada por los arqueólogos), contactad el Centro Cultural Pablo Neruda (C/ Huerta del Convento, 1), 91 845 77 26, en horario de 10:00 h a 13:00 horas
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31.8.08
Deshacer la maleta de una adolescente
Ya no es función tuya, el viaje mental lo hace sola.
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Deshacer la maleta de tu marido
Es mejor que lo haga él.
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Deshacer la maleta de un niño de once años
Encuentras probablemente algún agujero en sus pantalones de batalla, testigo de horas pasadas en el parque tirándose del columpio, persiguiendo una pelota o improvisándose portero.
Muy dobladita, la grande bandera blanca heredada de su tío habla de ilusión. Del regalo de cumpleaños más agradecido: ir a ver la final del Trofeo Santiago Bernabeu en primera fila, haciendo ondear el escudo de raso del Real Madrid por encima de su cabeza junto con su padre, saltando al unísono del asiento en cada uno de los cinco goles merengues. Emocionante el partido, impresionante la primera vez en el estadio madrileño.
La cinta de deportista y la camiseta con el número 16 de Pau Gasol saben (no huelen, sólo saben) de sudor ganado tirando canastas y entrenando con sus dos tíos y su rubio primo.
Los bañadores recuerdan los largos que se ha empeñado en hacer todos los días en la piscina y los gritos de júbilo jugando con los hijos de los hermanos de su madre, mientras que el chubasquero explica que uno de los primos creció muy deprisa este año y lo dejó nuevecito, el Pijama (en mayúsculas porque es institucional ya encontrar debajo de la almohada uno nuevo cada verano, cuidadosamente elegido por mi madre) hace sonreir por los madrugones voluntarios para ver todos juntos las olimpiadas en la gigante pantalla a plasma de la yaya, especialmente el baloncesto y la natación sincronizada. Los Gasol y compañía nos han ofrecido alegrías y penas, nos han hecho esperar hasta tardísimo para comer en casa de un hermano para ver acabar, gritando, saltando y abrazándonos, el partido con Lituania. Ver un comedor lleno de gente que quieres brincando de alegría cuando el resto del año los tienes a dos mil kilómetros, es fantástico.
La calentita sudadera verde, regalo de su tía, representa lo “molón” que irá al colegio este invierno en Italia, las zapatillas raperas, genial don de su tío, lo bien que jugará en la cancha con sus amigos.
Y así, a pesar de la nostalgia, también deshacer una maleta posee una parte de proyección que deja iniciar el año escolástico con buen humor.
Muy dobladita, la grande bandera blanca heredada de su tío habla de ilusión. Del regalo de cumpleaños más agradecido: ir a ver la final del Trofeo Santiago Bernabeu en primera fila, haciendo ondear el escudo de raso del Real Madrid por encima de su cabeza junto con su padre, saltando al unísono del asiento en cada uno de los cinco goles merengues. Emocionante el partido, impresionante la primera vez en el estadio madrileño.
La cinta de deportista y la camiseta con el número 16 de Pau Gasol saben (no huelen, sólo saben) de sudor ganado tirando canastas y entrenando con sus dos tíos y su rubio primo.
Los bañadores recuerdan los largos que se ha empeñado en hacer todos los días en la piscina y los gritos de júbilo jugando con los hijos de los hermanos de su madre, mientras que el chubasquero explica que uno de los primos creció muy deprisa este año y lo dejó nuevecito, el Pijama (en mayúsculas porque es institucional ya encontrar debajo de la almohada uno nuevo cada verano, cuidadosamente elegido por mi madre) hace sonreir por los madrugones voluntarios para ver todos juntos las olimpiadas en la gigante pantalla a plasma de la yaya, especialmente el baloncesto y la natación sincronizada. Los Gasol y compañía nos han ofrecido alegrías y penas, nos han hecho esperar hasta tardísimo para comer en casa de un hermano para ver acabar, gritando, saltando y abrazándonos, el partido con Lituania. Ver un comedor lleno de gente que quieres brincando de alegría cuando el resto del año los tienes a dos mil kilómetros, es fantástico.
La calentita sudadera verde, regalo de su tía, representa lo “molón” que irá al colegio este invierno en Italia, las zapatillas raperas, genial don de su tío, lo bien que jugará en la cancha con sus amigos.
Y así, a pesar de la nostalgia, también deshacer una maleta posee una parte de proyección que deja iniciar el año escolástico con buen humor.
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María Clara Fuerte
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30.8.08
Hay maletas de todos los tipos
El contenido de una maleta es, cuando uno lo compone, un conjunto de proyecciones hacia momentos o vivencias que se esperan tener. Una vez las vacaciones han terminado y se abre de nuevo la cremallera de ese pequeño mundo rectangular, el interior de la maleta se ha convertido en trozos de vida, en parte de tí. Bien porque no has conseguido tener esa ocasión que esperabas para ponerte un traje, bien porque ese día estabas increiblemente elegante. Un par de zapatillas representa, a la ida, tu firme propósito de correr por lo menos tres veces en semana, mientras que a la vuelta son la prueba del incumplimiento de tu promesa. Pero no hay que ser demasiado duro consigo mismo (todavía no, ya se encargan las responsabilidades invernales de complicarnos la vida), al menos has conseguido hacer un largo paseo todos los días y esto ya es algo. Para compensar el neceser vuelve un poco más vacío porque las pequeñas curas que deseabas (y necesitabas urgentemente desde hace meses o años) procurarle a tu pobre piel han sido realizadas con éxito. Tirar más de un bote ha sido una satisfacción antes de volver.
Si uno no quiere perderse detalle de esa sucesión de sensaciones que el simple gesto de coger una camiseta del montón puede procurar, se tarda bastante en deshacer una maleta.
Si uno no quiere perderse detalle de esa sucesión de sensaciones que el simple gesto de coger una camiseta del montón puede procurar, se tarda bastante en deshacer una maleta.
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María Clara Fuerte
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